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Relaciones saludables

Límites: la habilidad relacional que casi nadie nos enseñó

2 de abril, 2026 · 5 min de lectura · Diana Marenco R.

Poner límites no es alejar a las personas. Es hacer posible una cercanía que no se sostenga sobre el propio desgaste.

Muchas personas llegan a consulta agotadas de sostener vínculos donde dan mucho más de lo que reciben. Con frecuencia aprendieron temprano que ser querido dependía de ser útil, complaciente o silencioso.

Un límite no es un castigo ni una amenaza. Es información: esto puedo, esto no; hasta aquí me hace bien, desde aquí me daña. Comunicarlo con claridad protege el vínculo más de lo que lo pone en riesgo.

Señales de que los límites están difusos

  • Decir que sí y sentir resentimiento después.
  • Sentirse responsable de las emociones de las demás personas.
  • Necesitar justificar extensamente cualquier negativa.
  • Anticipar constantemente lo que el otro necesita antes que lo propio.

Cómo se construyen en terapia

Primero identificando la señal corporal que aparece antes del sí automático. Luego trabajando el miedo que sostiene la complacencia —al abandono, al conflicto, al enojo del otro—. Y finalmente ensayando formas concretas de decir lo que se necesita, con firmeza y sin agresión.

Nota

Este contenido tiene fines informativos y psicoeducativos. No sustituye una evaluación ni un proceso terapéutico individual. Si algo de lo leído resuena con tu experiencia, puedes escribirme o reservar una primera sesión.

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